jueves, 7 de octubre de 2010

HONDA MANIFESTACIÓN DE PESAR CONSTITUYÓ EL SEPELIO DEL EMINENTE JURISTA DR. M. VILLARÁN
HABLARON EN EL CEMENTERIO EL DR. BASADRE, EL RECTOR DE SAN MARCOS, EL DR. VÍCTOR ANDRÉS BELAUNDE Y EL DR. J. QUESADA
A una sentida manifestación de pesar dio lugar el sepelio del doctor Manuel Vicente Villarán en el Cementerio General, quien falleció en la noche del viernes pasado en su residencia de San Isidro, a la edad 84 años. Al trasladar los restos del prominente jurisconsulto y ex Ministro de Estado hacia su última morada, le tributaron los honores de Ministro de Estado como reconocimiento nacional al ilustre maestro y hombre público de destacada labor dentro y fuera del país.
Tomaron las cintas en la casa mortuoria las siguientes personas: el General Jefe de la Casa Militar del señor Presidente de la República; el señor Presidente del Senado; Presi­dente de la Cámara de Diputados; el Vocal Decano de la Corte Suprema de Justicia de la República; Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Justicia y Culto y el señor Jorge Lores designado por la familia. Pre­sidió el duelo el General Jefe de la Casa Militar del Presidente de la República y los deudos del extinto.
En el Cementerio tomaron las cin­tas el General Jefe de la Casa Mi­litar del señor Presidente de la Re­pública; el Presidente del Jurado Nacional de Elecciones; el Presiden­te del Consejo de Oficiales Genera­les; el Rector de la Universidad Na­cional Mayor de San Marcos; el Decano del Colegio de Abogados y el señor Víctor Villarán designado por la familia.
LA PALABRA DEL DR. BASADRE
Luego de los oficios religiosos en el Campo Santo, el Ministro de Educación Pública, Dr. Jorge Basadre dio lectura a su discurso en el que manifestó que el Gobierno de la República cumplía con un acto de justicia estricta al dar la solemnidad de duelo nacional al sepelio del doctor Manuel Vicente Villarán y al rendirle altísimos honores, seguro de que, con ellos, se adelanta al vere­dicto insobornable de la historia.
Dijo que Villarán empezó muy temprano su carrera de abogado y, casi al mismo tiempo, ingresó a la docencia universitaria. Su talento se delineó desde la primera juventud con los rasgos seguros de una ponderada madurez.
“Villarán en suma —agregó— fue un credo educativo y genuino y solamente democrático, frente a las oligarquías preocupadas, ciegas y egoístamente por conservar o incrementar sus privilegios, frente a los reaccionarios con nostalgias coloniales, frente a las crudas teorías o a las vacías fórmulas surgidas por las importaciones ciegas de recitas ext­ranjeras y frente a la negación violenta de los radicalismos. Fue el suyo un programa para la burguesía progresista y emprendedora, con raíces y savia populares, que debía tener la mirada crítica o analítica arte el pasado sin renegar de la tra­dición liberal, social y humana que en él alienta y debía conjugarlo con la esperanza de un porvenir mejor que era menester encarar únicamente por medio del esfuerzo y la perseverancia”.
Subrayó en conceptuosos términos la larga y fructífera trayectoria del eminente jurisconsulto, sobre todo los aportes del anteproyecto de Ley de Educación de 1928 y en el anteproyecto de Constitución de 1931, en el que especificó sus ideas.
Para terminar dijo “Los embates de la vida le ratificaron en el reti­ro de sus últimos años esa alta con­decoración que ni el decreto ni el diploma ni el sufragio pueden jamás conferir, ese blasón de nobleza que es muy difícil conservar intacto y que consiste tan sólo en la paz moral. Fue apagándose dejando la indecible tristeza de una hermosa vida que terminaba en inexorable anochecer: Hoy el Perú lo acompaña y lo honra en homenaje espontáneo en el que están ausentes significativamente las presiones de la política, la adulación ante el poder económico, la fuerza de los sectaris­mos, el ajetreo de las camarillas a el exhibicionismo de las demagogias; y en el que no caben las vacuas palabras de los panteoneros de nues­tros burocráticos olimpos. Al hon­rar a Villarán, y de ello dejo cons­tancia solemnemente como Ministro de Educación, el Perú se honra”.
EL DR. LEÓN BARANDIARAN
Siguiendo el orden de los oradores, el Dr. José León Barandiarán, Rector de la Universidad Nacional Ma­yor de San Marcos dijo que hablar de Manuel Vicente Villarán, y sobre todo en esta ocasión, es hablar de San Marcos. “Lo mejor, lo más auténtico, lo que representaba el lla­mado de su espíritu -agregó— estaba inspirado en San Marcos, y la Universidad a su vez lo cobijó coma magnus parens de ese su dilectísimo hijo”.

Como docente universitario, dijo que se ocupó de la enseñanza en
San Marcos en los mismos cursos de Derecho Natural y Derecho Constitucional. Fue Decano de la Facultad de Derecho y después Rector de la Institución. “Este hombre –agregó- que era sabio y no hacía ufanía de ello, que era bueno y no se doblegaba ante lo reñido con sus obligaciones funcionales y con su concien­cia, que procedía siempre con saga­cidad, equidad y tolerancia. Como si­tuación justa, serenidad de alma, adecuado ordenamiento de las cosas; antinómica radicalmente del prejui­cio, la intriga, el resentimiento, la envidia o la maldad; este hombre, di­go, con este consorcio de cualidades tenía que ser una gran autoridad uni­versitaria”.
Terminó diciendo que en nombre de San Marcos, de la que Manuel Vicente Villarán fue Rector, considera­do dentro de ella también la función de Decano de la Facultad de Dere­cho, ha llevado su palabra, es decir, la palabra de San Marcos. “Ante su túmulo se derrama llanto por San Marcos, porque el dolor que le cau­sa su muerte queda superado por la satisfacción orgullosa que la institu­ción siente en razón de los méritos de este peruano excelso. La significación de su vida y de su obra de­muestra lo que San Marcos repre­senta en lo que antes y presente y, en el futuro San Marcos puede ha­cer, hace y hará en beneficio de la cultura, de la investigación, y de la formación profesional”.
EL DR. ABASTOS
Luego el Decano del Colegio de Abogados, Dr. Manuel Abastos en elocuente discurso despidió al colega y amigo, en el que destacó la larga trayectoria del eminente juriscon­sulto.
DR. VÍCTOR ANDRÉS BELAUNDE.
Representando a la Academia Pe­ruana de la Lengua, el Dr. Víctor Andrés Bel aúnde, Ministro de Rela­ciones Exteriores dio lectura a su discurso. “Traigo el Homenaje de la Academia Peruana de la Lengua a la figura egregia de su decano Manuel Vicente Villarán. La Academia lo acogió en su seno a propuesta de don Ricardo Palma, empeñado en restaurar la primera de nuestras instituciones literarias. El tradicionalista insigne apreciaba en Villarán además de su sabiduría jurídica, su for­ma, precisa y clara”.
Dijo que no siempre la vida ab­sorbente de los hombres del foro les permite alcanzar la perfección del estilo y la justeza en el pensamien­to que constituye el verdadero ideal académico, y Manuel Vicente Villa­rán encarnó mejor que nadie esa ecuación admirable entre el pensamiento y la palabra. Y así ocupó con singular prestancia el sitial que en la Academia tuvieron otros juristas de la misma estirpe espiritual, como Francisco García Calderón y Cipriano Coronel Zegarra.
“Su modestia le llevó a declinar a la muerte de José de la Riva Agüero la presidencia que le ofrecimos uná­nimemente sus colegas, pero no por eso dejó ejercer en nuestra institución la decisiva influencia de la nobleza de su vida, la altura de su pen­samiento y la elocuencia sobria y elegante de su palabra”.
Señaló que la influencia de Villarán ha sido en realidad inmensa en las dos generaciones que inspiró. No sólo les dio un enorme capital de ideas y un método acertado, sino una seria actitud ante la vida y sus problemas. La consagración a espe­cialidades -agregó tan difíciles co­mo la Filosofía del Derecho y el De­recho Constitucional no impidieron a Villarán, sino al contrario lo estimularon para ahondar el grave pro­blema de la educación en el Perú.
“Dotado de un exquisito sentido cívico, no negó jamás su aporte desinteresado a la vida municipal, a las corporaciones de beneficencia, a las instituciones de cultura”.
“Ha muerto callada y dulcemente. Desaparecidas antes que él las figu­ras egregias de sus discípulos, que fueron su orgullo: Manuel Augusto Olaechea, José María y Ernesto de la Jara, Carlos Arana Santa María, Da­niel Olaechea, José de la Riva-Agüe­ro y José Gálvez, Guillermo Salinas, César Antonio Ugarte y Manuel Ga­llagher. Ha debido acompañarlo has­ta su última hora el recuerdo venerado de su padre, que fue, como él, figura preclara de su generación. Y pensando en el eterno y humano misterio de la inmortalidad, puedo repetir en mi dolor ante esta vida tan plenamente cumplida, la frase de Génesis: se fue para juntarse con sus padres”.
EL DR. QUESADA
Finalmente el Dr. Juan Otero Villarán a nombre del Estudio Villarán dio lectura al discurso del Dr. José Quesada quien no pudo asistir al ac­to. “Aquí estamos rodeando los res­tos más queridos, con las almas apre­tadas por la más grande emoción, todos quienes hemos tenido el privilegio de seguir de cerca al maestro en la labor de todos los días, en el seno de lo que, para nosotros, es una institución: el Estudio Villarán”.
Dijo se puede enaltecer al Maes­tro, al Hombre de Estado, al gran Jurista, al Consultor insigne. Pero no todos pudieron conocer y aquilatar algo al par tanto o más valioso: un calibre moral de los más puros, una sensibilidad exquisita, un sentimien­to profundo, delicado, sutil; todo ello puesto a prueba en todos los actos de su vida, dentro de la mayor se­veridad, tanto que para muchos es­tas altísimas calidades les eran des­conocidas, mientras no podían igno­rar las excelsitudes de su intelecto.
Siguiendo brevemente la estela de su vida, en relación con algunos de sus hechos más saltantes dijo: fue Catedrático brillante desde los 21 años, no tenía 30 cuando aborda un tema nacional sentando las bases de una educación técnica para las cla­ses media y popular. Fue Ministro a los 35 años, acompaña al Presidente, sin estar inmediatamente obligado, en la vía-crucis del 29 de mayo de 1909. Rector de San Marcos, antes de los 50 años, aplica allí los frutos de su experiencia de maestro y sus in­quietudes de orientador y renuncia cuando siente la responsabilidad ciudadana de aplicar en la vida la enseñanza de la Cátedra.
Después de dedicarse fundamen­talmente al bufete pero sin dejar de prestar servicios a la Patria, siem­pre que es requerido; dijo que se le ha visto octogenario dedicar los úl­timos fulgores de su visión a leer por innúmeras horas documentos de Estado para informar en la Comi­sión Consultiva de Relaciones Exte­riores.
Finalmente dijo, gracias Maestro, por haber señalado el rumbo democrático en la educación nacional. Gracias, ciudadano, por haber enseñado con el ejemplo que el deber está por encima de la vida. Gracias, orientador de temple cívico, por ha­ber practicado en el llano las ense­ñanzas universitarias. Gracias abo­gado del Bien y de la Patria porque educaste en el ejercicio de una no­ble profesión haciendo de ella un sacerdocio y un camino enaltecedor de virtud. Gracias al Todopoderoso que dio al Perú una criatura seme­jante. Gracias a El por la justa paz eterna que habrá de dispensarle co­mo lo imploramos, con amor, quie­nes aquí quedamos sumidos en la más honda congoja.
Luego el ataúd fue trasladado al nicho en donde después del toque de silencio por un corneta, el eminente jurisconsulto quedó en su eterna morada.

RESTOS DEL DR. VILLARÁN SEPULTAN CON HONORES
Con honores de Ministro de Estado y con un nutrido acompa­ñamiento de destacadas personal­idades de las esferas sociales, políticas, de la banca, el comercio y la industria, fueron inhumados en el Cementerio General, los restos del que fue ilustre jur­isconsulto Dr. Manuel Vicente
El cortejo fúnebre partió de la capilla ardiente que se lev­antó en General Valle Riestra 181, San Isidro. Tomaron las cin­tas de duelo el Jefe de la Casa Militar de Gobierno, el Presiden­te del Senado, el Presidente de la Cámara de Diputados, el Presidente del Consejo de Ministros y Titulares de la Cartera de Jus­ticia y Culto, y Jorge Lores, de­signado por la familia.
Cuando la carroza que trasla­dó los resto del doctor Viliarán llegó a la primera cuadra de la Avenida Arequipa, un pelotón del ejército que rindió los honores correspondientes a Ministro.
Al llegar al Cementerio el duelo fue arrastrado por el Jefe de la Casa Militar, por el Presidente del Jurado Nacional de Eleccio­nes; por el Presidente del Consejo de Oficiales Generales; por el Rector de la Universidad de San Marcos; por el Decano del Cole­gio de Abogados, y por Víctor Villarán, en representación de la familia.
Después que el Capellán del Ce­menterio recitó el responso litúr­gico pronunciaron discursos el Ministro de Educación, doctor Jorge Basadre; el Rector de la Universidad de San Marcos, doc­tor José León Barandiarán; el Decano del Colegio de Abogados, doctor Manuel Abastos, el Minis­tro de Relaciones Exteriores, doc­tor Víctor Andrés Belaúnde, a nombre de la Academia de la Lengua; y Juan Otero Villarán, en representación de José Que­sada.
Todos los oradores exaltaron la figura de maestro y tribuno del doctor Villarán. Señalaron que su influencia ha sido realidad in­mensa en las dos generaciones que inspiró y que no sólo les ofreció un enorme capital de ideas y un método acertado, sino una seria actitud ante la vida y sus problemas.
Se hizo hincapié en su consagración a especialidades difíciles como la Filosofía del Derecho y el Derecho Constitucional, así como especial dedicación al problema nacional del Perú.
Se remarcó el espíritu cívico que el doctor Villarán demostró en su vida pública.
El doctor Belaúnde comparó la figura de estadista de Villarán a las preciaras personalidades de la política inglesa.
Por su parte, el doctor León Barandiarán estudió los 45 años de actividad como maestro en las aulas universitarias de San Marcos.
El doctor Basadre insistió en la actividad que cumplió el doctor Villarán en el campo educacional. Manifestó que el insigne jurista envió muchos maestros al extranjero a adquirir e innovar los sistemas de enseñanza.
Al concluir los discursos el féretro fue trasladado al Cuartel Santa Bertha, donde fue colocado en el nicho 16-B, mientras un corneta del Ejército ejecutaba el toque de silencio.

Fuente: Archivo Revista Oiga – Hemeroteca El Comercio – Manuel Vicente Villarán

sábado, 2 de octubre de 2010

Amigos y Enemigos - Revista Oiga 5/10/1987

El Patricio de la Paz
Señor director:
En su última edición OIGA destaca el gesto de desprendimiento del novelista Mario Vargas Llosa al donar los 50 mil dólares que recibió como ganador del Premio Hemingway-Ritz a los niños huérfanos de Ayacucho, contrastándolo con la actitud de nuestro presidente, quien dedico a levantar la hipoteca que pesaba sobre su residencia en Chacarilla los 9,000 dólares que cobro por el discurso que, como mandatario del Perú, cobro a la FAO, organismo de las Naciones Unidas que lucha contra el hambre en el mundo. Dicho sea de paso, el desplazamiento del presidente García a Roma, con una numerosa comitiva, costó al erario nacional más de 40,000 dólares.
Los peruanos debemos recordar con orgullo otro gesto de desprendimiento: el protagonizado por nuestro ilustre patricio, el doctor José Luis Bustamante y Rivero, quien en 1980 rechazo 500 mil dólares que, mancomunadamente, le ofrecieron los gobiernos de Honduras y El Salvador por haber sido el artífice del tratado de paz –firmado en Lima el 30 de octubre– que puso fin a once años de hostilidades entre ambas naciones centroamericanas.
El conflicto bélico entre Honduras y El Salvador estallo en 1969 cuando hinchas que asistían a los partidos por la Copa Mundial de Futbol que se celebraba en El Salvador y Tegucigalpa atacaron a los simpatizantes del equipo nacional visitante en ambas capitales. Hubo manifestaciones de protesta en los dos países. Honduras expulso a 11 mil campesinos salvadoreños asentados en su territorio y el 14 de julio tropas de El Salvador invadieron Honduras. Hubo un cese de fuego a pedido de la OEA y en 1970 El Salvador y Honduras crearon una zona desmilitarizada a ambos lados de la frontera mientras se buscaba una solución al conflicto.
El 3 de abril de 1978, Honduras y El Salvador solicitaron la mediación del doctor Bustamante y Rivero, ex – presidente de la República, ex – presidente del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya y, en esos momentos, senador vitalicio del Perú. Durante dos años nuestro ilustre patricio recorrió los pueblos fronterizos de ambos países, dialogando con sus habitantes en agotadoras jornadas hasta encontrar puntos de coincidencia que sirvieron para redactar el tratado de Paz que en 1980 se firmo en palacio de Gobierno, en presencia del presidente Belaunde Terry.
Poco después se supo que El Salvador y Honduras quisieron entregarle al doctor Bustamante y Rivero 500,000 dólares, dinero que este rechazo manifestando que la paz de los pueblos no tiene precio. Noble gesto de nuestro ex – mandatario de la nación, repetido por Mario Vargas Losa que lamentablemente para nuestro país, no ha sido seguido por el presidente García, más preocupado en comprar residencias que en dar el ejemplo de desprendimiento.
Atentamente,
Emilio Muñante A.

José Luis Bustamante y Rivero – La Correspondencia – Oiga 7/02/1994

Lima, 20 de abril de 1945.
Sr. D.
Benjamín Roca Muelle,
Secretario General de la Oficina Política
de la Candidatura Bustamante i Rivero
Ciudad.
Señor Secretario General:
He advertido que en los últimos días el tono de los órganos de prensa que propician mi candidatura se va tornando agresivo i a veces francamente inconveniente.
Esta modalidad de nuestra prensa contraría las claras recomendaciones de mi Memorándum de 13 de marzo i desdice de nuestra cultura cívica. Ruego, pues, a Usted se digne suplicar a todos los Sres. Directores de órganos periodísticos que en esta capital o lugares próximos hacen la defensa de mi candidatura, quieran ajustarse en sus artículos e inserciones a las normas de moderación, compostura i dignidad cívica que deben inspirar todas nuestras actitudes. Igual pedido debe dirigirse, mediante los Comités Departamentales del Frente Democrático, a los periodísticos que en el resto del país acompañan nuestra, Causa.
Mui atentamente de Usted,
José Luis Bustamante y Rivero

EXPRESIVA misiva de Bustamante dirigida a Benjamin Roca Muelle, rogándole transmitir a los periodistas que alientan su candidatura un espíritu de civismo, respeto y moderación. Ese reclamo ha legado Bustamante a los peruanos. (Nuevos fragmentos de su epistolario aparecerán en los próximos números de nuestra revista).

viernes, 1 de octubre de 2010

RADIO EUZKADI DE LIMA



Gobierno Vasco. La Embajada de España comunica la toma de posesión de los locales de 11 Avenue marceau. 2 de julio de 1951

miércoles, 1 de septiembre de 2010

RADIO EUZKADI DE LIMA



Niños del Sanatorio Marítimo de Górliz (Bizkaia) acogidos por el Gobierno Vasco en el sanatorio de Berck Plage

domingo, 1 de agosto de 2010

RADIO EUZKADI DE LIMA


Aguirre, presidente del Gobierno Vasco, con Tryguelie, secretario general de la ONU, a quien remitió informes sobre la situación de Euskadi. Ref. Euzko Deya, n.º 240, 15 de junio de 1946

jueves, 1 de julio de 2010

RADIO EUZKADI DE LIMA



Gobierno Vasco. Presidencia de los actos públicos de la Semana de Ayuda a Euzkadi en Barcelona. Festival folklórico en el parque de Montjuich. Julio de 1937. De izquierda a derecha: Irujo, Companys, José Antonio Aguirre y Areitiourtena

martes, 1 de junio de 2010

RADIO EUZKADI DE LIMA



Gobierno Vasco. Convocatoria extraordinaria de la Liga Internacional de Amigos de los Vascos. 27 de junio de 1951

sábado, 1 de mayo de 2010

RADIO EUZKADI DE LIMA



Pasaporte, Igarobide, expedido por el Gobierno Vasco

viernes, 30 de abril de 2010

El Comercio


Homenaje a Doris Gibson por los 100 años de su nacimiento

La periodista fundadora de Caretas, que falleció meses atrás, es recordada con una exposición en la Casa O’Higgins del Jirón de la Unión. Fotografías pinturas, parte de su colección privada y más
Sábado 01 de mayo de 2010 - 04:36 pm
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Comprando flores por Lima o tendida con unas amigas sobre una carreta. Púber, sonriendo, con la campiña al fondo y la vida a la distancia. El salto al matrimonio, el hijo, y otra vez tumbada; esta vez en el jardín, rodeada por sus nietos. Saliendo a protestar a las calles con pancartas en mano. Entrevistada por Mario Vargas Llosapara la última edición de “La Torre de Babel”. Más madura. Condecorada por mandatarios en pomposos escenarios o luego en el Rímac, en el Bar de los Valientes, con los trazos de un Cristo pintado por Sérvulo Gutiérrez sobre la pared. En todas las vetustas imágenes en blanco y negro que pueblan la Casa O’Higgins, y que nos invitan a recorrer la vida y obra de Doris Gibson, brotan la intriga, una insospechada afinidad y la consecuente afectación.
Fundadora de la revista “Caretas” junto con Francisco Igartua, en 1950, su estilo de hacer periodismo estuvo marcado por su tenacidad y volcánica personalidad. “Doris fue una mujer de una sola pieza. Entre el “glamour” de Leguía y la beligerancia de Alan García transcurrieron sus avatares de casi una centuria. Le tocó vivir el siglo XX a la usanza de la época, desenfrenada, arrolladora, con una fuerte presencia”, señala el curador de la muestra Luis Repetto.
“Su azarosa y exagerada vida —agrega Repetto— fue un mito, una leyenda. Discurriendo entre políticos, intelectuales, artistas, luchadores y librepensadores, absolutamente informada de lo que ocurría en distintas partes del mundo cuando las nuevas tecnologías no estaban desarrolladas como en la actualidad”.
PLETÓRICA

La muestra incluye además piezas de su colección personal, en plata, esculturas en piedra de Huamanga, keros de madera, cerámicas de Chulucanas, retablos, condecoraciones, y hasta objetos personales como sombreros, lentes, sombrillas, abanicos, collares. Asimismo, encontramos exquisitos dibujos y embriagadores cuadros que Sérvulo realizara inspirado en Doris. Se han recreado ambientes de su casa y se ha hecho hincapié en su relación con “Caretas”, a través de diversas portadas de la revista e incluyendo ejemplos de la publicidad de nuestro país durante la segunda mitad del siglo XX, ya que Doris empezó su carrera periodística vendiendo publicidad en la revista “Turismo”.

“El 28 de abril se cumplieron 100 años de su nacimiento, entonces están fusionadas lo que fue la exposición “El mundo azul de Doris”, que recoge la personalidad, el personaje, los cuadros de Sérvulo, sus colecciones de artesanía, la vida íntima de Doris; con lo que fue la extensión profesional de su vida, la trayectoria de la revista, así como ejemplos de publicidad de la época republicana de las décadas del 50, 60 y 70”, explica Marco Zileri, nieto de la homenajeada y actual director de la revista “Caretas”.
“La personalidad de Doris es indesligable de “Caretas”. Las cosas que se publicaba en la revista, en gran medida, respondían a las inquietudes de Doris. La línea política estuvo trazada por ella”, agrega Zileri. De allí que la muestra abarque algunas carátulas de la citada publicación, que provocaron clausuras o que acompañaron reaperturas.
Doris Gibson es un personaje que acompañó con su andar la historia de este país, ya sea con ordinarios paseos, o dando trascendentales pasos de libertad.
PERFIL

NOMBRE Doris Gibson Parra del Riego, (1910 – 2008).
NACIONALIDAD Peruana.
PROFESIÓN Periodista.
TRAYECTORIA Nació en Lima. Hija del poeta arequipeño Percy Gibson y Mercedes Parra del Riego. Contrajo matrimonio con el diplomático argentino Manlio Zileri Larco en 1931 y tuvo un único hijo: Enrique Zileri. En 1950, junto con Francisco Igartua, fundó la revista “Caretas”, la cual se convertiría con el transcurso de las décadas en la revista de investigación de referencia en el Perú.

MÁS INFORMACIÓN

DÓNDE: Casa O’Higgins
DIRECCIÓN: Jr. de la Unión 554
HORARIO: De lunes a sábado de 10 a.m. a 7 p.m.
INGRESO: Libre

miércoles, 28 de abril de 2010

Francisco Igartua: La Prensa

Recuerdos de un reportero

En homenaje a “La Prensa” en su Cincuenta Aniversario, de vida azarosa, cambiante y muchas veces de víctima

Ya han pasado algunos años y mucho –mucho– ha mudado el panorama; sin embargo, recuerdo a “La Prensa” muy cerca. Todavía mi máquina de escribir no se acostumbra a poner comillas a sus costados y a su nombre se alza solo, muchas veces, el teclado de las mayúsculas. Sus escaleras de madera húmeda, su viejo taller y su vieja rotativa; aún las puedo oler a la distancia. Hoy, no sé quienes ocupen esas o aquellas oficinas – la mía nadie, porque ni escritorio tuve– pero, no puedo olvidar la voz tonante, gruesa, con carcajada pulmonar de Pepe Diez Canseco y, menos todavía, la figura triste del Corregidor Mejía, con su sonrisa inmensamente buena bajo la singular nariz de payaso que adornaba su cara redonda. Fui gran amigo del Corregidor, posiblemente el único que tuvo en esos años de “La Prensa”; no sé si por ser yo el más joven de los redactores principales del diario y porque gozaba escuchándole leer sus extraordinarias crónicas culinarias, lo cierto es que me distinguió siempre con particular cariño y me alentaba en el género de la entrevista. “Lo importante es retratar al personaje –me decía –. Y tú lo haces bien”. Con sus ojos brillantes y pícaros, pequeños como de conejo, era un hombre indisciplinado y bohemio, tímido. Nunca alcanzó los halagos de un aumento de sueldo; y los necesitaba, para calmar esos ahogos asmáticos que se entremezclaban en su sonrisa y que le hacían crecer aún más la enorme bemba. El Corregidor nunca fué acariciado por la suerte. José Diez Canseco era distinto. El reverso. Y no fué personaje nuevo para mí en “La Prensa”. Yo ya lo conocía de “Jornada”, el diario que nació con el Frente Democrático y donde me inicié en el periodismo, casi como mandadero. Era la época en que acababan de morir las esperanzas en el Apra; y entre los primeros originales que ordené en los escritorios aún se confundían artículos de Luis Alberto Sánchez y Manuel Seoane con la famosa crónica de Sebastián Fomeque y notas de César Miró, Mario Herrera y otros. En “La Prensa”, el Sebastián Fomeque de Diez Canseco se había transformado en el Coronel Fiestas. Pero, era el mismo personaje que despidiera de la redacción del Edificio República, sin destino fijo, con estas palabras: “Yo soy conservador, amigo de los curas y un gran criollazo”. Su lucha contra el Apra, iniciada en “Jornada” bajo la dirección de Luis Bedoya Reyes y Mario Herrera, continuaba; con el aliento de José Quesada, primero y siempre de acuerdo a la orientación que imprimía a toda la campaña de la derecha contra el aprismo el director de “La Prensa”: Guillermo Hoyos Osores. Fueron el Corregidor Mejía y Pepe Diez Canseco a mi ingreso a “La Prensa” por gestión de Francisco Graña Garland, quienes me iniciaron en la historia y el espíritu de la vieja casa de Baquíjano. Al Corregidor le escuché relatar sus horas de bohemia con Valdelomar y Leonidas Yerovi; y por Pepe Diez Canseco, reunida gran parte de la redacción, supimos de Ulloa, Durand y Cisneros. Los dos habían vivido un poco el ayer. Eran nuestro puente con el pasado. Por eso, he comenzado esta nota rememorando sus figuras; que, además, fueron las de mayor colorido en los años que pasé en “La Prensa”. Pero, otras emociones, más intensas, son las que me ligan a la casa periodística de Baquíjano. Vivía el periodismo peruano en estado de guerra declarada. El cuartel general de uno de los bandos era “La Prensa”, “'La Prensa” de los años 36 a 39, animada siempre por Hoyos Osores. Como Director muchas veces y, otras, compartiendo la dirección con los propietarios que se habían ido sucediendo: los señores Bentín, don José Quesada –principalísima figura en toda la etapa posterior a Leguía— y Francisco Graña, era Guillermo Hoyos Osores la personificación del diario. Ser redactor de “La Prensa”, en ese entonces, significaba tener que vivir con no poco sobresalto. Y éramos pocos, muy pocos. Todos trabajábamos con contagiada pasión; desde Alberto Ferreyros, primer redactor, hasta los correctores de pruebas. Recuerdo las auroras que saludé con el diario fresco en la mano y las horas interminables, de curiosa espera que pasé para releer mis originales que habían sido llevados para las correcciones del Director. En “La Prensa” que viví no pasaba al taller una sola línea de información importante sin el visto bueno de la Dirección. Todo dato debía ser absolutamente confirmado; nada disculpaba no fueran las informaciones de veracidad intachable y el idioma cuidado hasta el exceso. La falta de personal y la escrupulosidad del doctor Hoyos en la dirección ideológica del diario hizo, sin embargo, que quedaran abandonadas muchas secciones, como la policial y aún la de deportes. Fallas en la administración, u otras razones económicas, hicieron imposible se continuara la página literaria que, dirigida por Percy Gibson Parra, llegó en un momento a tener resonancia en el mundo de habla española. “La Prensa” marchaba empujada por la política y señalándole rumbo a las fuerzas de derecha. Tenía aliados circunstanciales, de izquierda, y tenaces incitadores a una bárbara campaña panfletaria, de extrema derecha. A los primeros se les mantenía a distancia. No me será fácil olvidar la prohibición de que Eudocio Ravines, director de un pasquín que aparecía impreso en los talleres de “La Prensa”, subiera las escaleras que conducían a la Dirección y oficinas de redacción: “Demasiado se hace con permitirle ingresar a la administración para que arregle sus cuentas”. Existía un cuidadoso temor a contaminarse. A los últimos, dada su influencia en el Directorio, era necesario calmarlos haciendo uso de la astucia, las dificultades se sucedían y alternaban. Hasta que llegó la gran tragedia: Francisco Graña Garland, el motor de la cruzada, cayó abaleado en la Avenida Perú. Yo estaba a esa hora en la Cámara de Senadores. Esperaba a don Julio de la Piedra para una entrevista sobre el problema tributario en el Contrato de Sechura, por encargo del propio Graña. La noticia llegó incompleta. Se habló de una noche de San Bartolóme y vagando por los pasillos un senador clamaba: “Si han hecho esto con el bueno de Panchito, qué nos espera a nosotros”. En el corredor don Julio de la Piedra me pregunta si ya han capturado a los asesinos... Desorientado, salí a la carrera hacia el periódico. Allí estaba Hoyos Osores amarillo lívido junto a Alberto Ferreyros. Iniciaba en la máquina, con mano temblorosa y los dientes apretados, otro de sus famosos editoriales. “La Prensa” debía seguir su marcha. Al verme entrar, volteó la cara, indignado, y gritó: “¡Y Ud., qué hace aquí!” Desde ahora se encarga de toda la información policial de este asunto. Salga a la calle a hacer su crónica. Mañana sale el periódico". Y salió "La Prensa" con una orla negra inmensa v el editorial que yo vi a Guillermo Hoyos escribir.

Así era “La Prensa” en la que yo trabajé, hace algunos años, y que quiso revivir más tarde en el mismo diario donde me inicié como periodista y conocí a Pepe Diez Canseco, el hombre que me contó cómo eran Ulloa, Durand y Cisneros. Hoy "La Prensa" es un gran diario, moderno, con muchas secciones; y donde después de leer que un padre murió junto con su esposa golpeados por el hijo, con un fierro de un metro y dos centímetros, es necesario buscar la página editorial para saber que es este un crimen horrendo que demanda a la justicia un castigo ejemplar. El mundo sigue su marcha; pero, yo no podré olvidar a "La Prensa" de ayer.

Federico More: La Prensa

Cincuentenario de “La Prensa”


Como homenaje al cincuentenario de “La Prensa” encargamos a Federico More, un artículo sobre la vida de ese diario. Por diversas razones, el distinguido colega se halla en inmejorables condiciones para pintar episodios, escribir sobre personajes y hacer algo de Historia. Fieles a nuestra invariable conducta, publicamos el trabajo, sin quitarle ni ponerle coma. Es lo que hacemos con todos nuestros colaboradores, sin excepción alguna. En otra forma no entendemos la libertad de acción que debe, necesariamente, existir en todo periódico o revista.

Escribe FEDERICO MORE

Cuando, en mil novecientos tres, don Nicolás de Piérola vió que la candidatura presidencial de don Manuel Candamo era imbatible, comprendió la necesidad de tener un gran órgano de prensa que defendiese los intereses y los ideales del Partido Demócrata. Candamo era muy buen amigo de Piérola; pero ante todo, era el hombre fuerte del Partido Civil. El recién nacido Partido Liberal, aun no contaba. Los constitucionales –o caceristas– habían recuperado buena parte de su prestigio y renació el respeto hacia el héroe de la Breña. La Unión Cívica de don Mariano Nicolás Valcárcel, era pobre en partidarios; pero sus dirigentes gozaban de crédito político. El Presidente Romaña apoyaba a Candamo y, por supuesto, todo el Partido Civil. Ante este conjunto de circunstancias, Piérola comprendió que la lucha era absurda. Don Nicolás siempre fue amigo de pedir consejo. Así, cuando deseaba orientaciones jurídicas, iba en pos de don Manuel Pablo Olaechea o de don Ricardo Ortiz de Zevallos. Cuando implantó el Patrón de Oro, se atuvo a la experiencia y al conocimiento de don José Payan. Cuando quiso fundar un diario grande y comprendió que eso era, ante todo, un asunto financiero, buscó a dos hombres de finanzas que, además, eran dos caballeros. Fueron don Pedro de Osma y don José Carlos Bernales. El verdadero creador de “La Prensa” fué don Nicolás de Piérola. Osma y Bernales no fueron sino ejecutores del pensamiento pierolistas. Más o menos a los seis años de fundada “La Prensa”, don Pedro de Osma dividió al Partido Demócrata. Pero retrocedamos un poco. Si alguna esperanza tuvo Piérola de entenderse con Candamo, la perdió al ver que el primer gabinete de Candamo estaba presidido por don José Pardo: y la perdió del todo cuando Pardo ocupó la Presidencia de la República. En mil novecientos nueve, “La Prensa” ya casi no era pierolista, aunque todavía era anticivilista. A los seis años de fundada, había realizado su primer viraje. Después, “La Prensa” ha hecho muchas cosas. Ha sido Liberal y ha sido Leguiísta. Periódicamente hablando, le debemos sorpresas. Y sorpresas escalofriantes. Con motivo de sus Bodas de Oro, lanza una edición extraordinaria. Se supone que, cuando un periódico lanza una edición extraordinaria, les hace un regalo a sus lectores. En la edición extraordinaria de “La Prensa”, lo verdaderamente extraordinario ha sido el precio. Dos soles con cincuenta centavos por ejemplar. Es decir, que los lectores hemos pagado el festejo, los platos rotos y las botellas vacías. Otra sorpresa: cuando, últimamente, el Gobierno emite un Comunicado para demostrarnos que nuestra moneda es buena y sana, que tiene suficiente respaldo y que va a disminuir la cantidad de circulante, “La Prensa” en su columna editorial, elogia el Comunicado; pero, en otra página, nos dice que las reservas del Banco Emisor han bajado en catorce millones y que el circulante ha aumentado en cerca de ochenta millones. Como sorpresa, no cabe duda de que es altamente periodística. Que la entendamos o no, es otro cantar. Otra sorpresa: afirma “La Prensa” que su edición extraordinaria se agotó hasta el punto de no haber podido cubrir la demanda del público: pero nosotros hemos oído pregonar “La Prensa” a las dos de tarde. Quizá se trataba de algún canillita extraviado y que pregonaba el último ejemplar. A “La Prensa” le ocurre lo que ciertas mujeres hermosas que cambian de brazos y no se dan cuenta. Por eso, sin duda “La Prensa” ha tenido tantos directores ilustres. Citaremos a Alberto Ulloa, a Luis Fernán Cisneros y a Enrique Castro Oyanguren. Por la casa de “La Prensa” han pasado Leonidas Yerovi y Abraham Valdelomar. Ha tenido directores que no eran periodistas. Citaremos a don Carlos Rey de Castro y al señor Pedro Beltrán, dos señores dignísimos, el uno diplomático y el otro agricultor. Esto no importa cuando se piensa en que Pasteur no era médico. No cabe duda de que los cincuenta años de vida que tiene “La Prensa”, han sido bien vividos. “La Prensa” estuvo en manos de un aventurero colombiano, el señor Forero. Y es que quien cambia de formas y de brazos, no puede evitar caer en manos de un aventurero. Si causar sensación es el objeto principal de un periódico, no cabe duda de que “La Prensa” es sensacionalísima. Basta leer este título: “Inversiones del Extranjero son necesarias al Progreso de Países Subdesarrollados”. Decir Subdesarrollar es como decir subcrecer. El desarrollo es, siempre crecimiento. También es ampliación. Se desarrolla una tesis cuando se la hace crecer. “La Prensa” es heredera de “El Tiempo” y “El País”, dos diarios que nacieron, vivieron y murieron en brazos del Partido Demócrata. “La Prensa” tiene el ilustre título que le confirió la imaginación del señor Leguía, de haber inaugurado en América, la incautación de diarios. Don Germán Leguía y Martínez, inteligencia esclarecida, conducta pura y alma implacable, quiso que el Gobierno se incautara de “El Comercio”. Pero don Augusto comprendió que eso era un escándalo de proyecciones incalculables. La incautación de “La Prensa” era nada más que un abuso. Lo que quiso el Presidente Leguía era tener un diario propio y, antes que financiar uno nuevo, prefirió incautarse de uno más o menos nuevo. La oposición de “La Prensa” al señor Leguía fué obra exclusiva del propietario del periódico; de don Augusto Durand. Don Augusto Durand fué aliado y colaborador del Presidente Pardo, y cuando Leguía derrocó a Pardo, Durand ocupó el sitio que debió ocupar: fué al destierro y, luego, prefirió la muerte a la transacción. No hace muchos años José Quesada y Guillermo Hoyos Osores le dieron a “La Prensa” elegancia literaria; pero, de pronto, ambos abandonaron “La Prensa” y este diario, tornadizo y cambiante como el viento y como las olas, se convirtió en paladín de nuestra agricultura. Más que de nuestra agricultura de nuestro algodón. Pero, dígase lo que se quiera, un periódico donde han actuado Alberto Ulloa, Luis Fernán Cisneros, Leónidas Yerovi, Abraham Valdelomar, y que ya ha vivido cincuenta años —que es bastante vivir en nuestra accidentada vida periodística— merece un aplauso y un homenaje y yo, hombre de prensa, aunque no de “La Prensa”, brindo, sin reservas, ese homenaje y ese aplauso. Bien los merece un diario que, como quiera que se vean las cosas, ha conocido la nunca vista ni imaginada aventura del papel impreso.

jueves, 1 de abril de 2010

RADIO EUZKADI DE LIMA



Refugio de Château de Soustons creado por el Gobierno Vasco en territorio francés. Año 1939

lunes, 1 de marzo de 2010

RADIO EUZKADI DE LIMA



Primer Gobierno Vasco, presidido por José Antonio Aguirre

lunes, 1 de febrero de 2010

RADIO EUZKADI DE LIMA



Gobierno Vasco. Cabecera del Diario Oficial del País Vasco en cuyo punto 1.º del sumario aparece el decreto de militarización de las milicias voluntarias

miércoles, 6 de enero de 2010

Andanzas de Federico More – prologo de Francisco Igartua - Cascabel tiene uso de razón - Cascabel 12/03/1936


AL amanecer del doce de marzo de 1935, apareció CASCABEL. Era un martes. Al amanecer de hoy, jueves, doce de marzo de 1942, también aparece CASCABEL. Son siete años, hora por hora y número por número. CASCABEL corre el peligro de tener antigüedad y de dejar, así, de pertenecer a la prensa chica, famosa por su esfuerzo de vanguardia, porque no tuvo en cuenta el tiempo, porque cree que los amados de los dioses mueren jóvenes y porque no duda de que solamente los niños dicen la verdad. El único título de CASCABEL, en esta breve carrera que no tiene más peligro que ir convirtiéndose en larga, es haber intentado, siempre, decir la verdad. Inclusive ha pretendido envolver la fuerte desnudez de la verdad en el manto diáfano de la fantasía, para decirlo con la incomparable frase del maestro portugués. En otros términos: CASCABEL se ha esfor­zado a favor de la verdad hasta mentir por ella. Saber mentir y saber que se miente es la forma más cruel de decir la verdad, aunque la verdad es una divinidad infeliz que, desnuda, se esconde en el fondo de un pozo y no soporta el ataque violento de la luz. Ella no sabe si la luz es una forma brillante de la mentira.

CASCABEL se ha esforzado en demostrar que es posible no decir ni la verdad ni la mentira: la inteligencia de los hombres es tan escasa que en sus frecuentes disputas las confunden y las barajan. Por eso inventaron la Dialéctica y la Sofística, antes de mentir buscando la verdad. En busca de la verdad, los hombres han inventado palabras encantadoras y maravillosas: Ilusión, Esperanza. Amor... Han inventado religiones y mitos y, para explicarlos, han inventado otras palabras también encantadoras y maravillosas: Fe, Caridad, Más Allá. Y se han consolado con sus propias palabras como el niño que, dentro de un cuarto oscuro, silba y tararea para no tener miedo. CASCABEL ha manejado estas palabras con alegría y con estoicismo verdaderamente dignos de nuestra latitud. Quizá nunca haya dicho la verdad; pero seguramente nunca ha mentido. Para CASCABEL la verdad sigue, escondida y desnuda, en el fondo de un pozo. Mientras no salga y no la veamos, nos será imposible mentir.

CASCABEL ha conocido y cultiva la gloria del rincón donde el último espadachín combatía. Al sentirse constantemente acome­tido, ama la lucha, gustaría perecer en ella y está seguro de que la muerte de los que mueren bien se confunde frecuentemente con la inmortalidad.

CASCABEL se ha convertido, en un conjunto de gentes de trabajo y en un esfuerzo comercial. Cumple siete años y teme envejecer. Le queda la confianza de que nunca será decano y de que en su vejez encontrará siempre muchos que lo superen. Siempre será más joven. Los siete años son, entre los católicos, el principio de la mayor edad, el punto sazonado en que dicen que la razón empieza. Nuestro pobre Kant, que amó, cultivó e inventó la razón, habríase quedado perplejo si se le dice que el uso de la razón empieza a los siete años. Para Kant la razón era una forma de encontrarse en el mundo y entenderle. La forma de ver un árbol y de mirarlo crecer. La forma de llegar a descubrir, a lo largo de una vida, que la copa del árbol impidió ver el campanario que estaba al frente. La razón es como el árbol: su crecimiento y su desarrollo valen para ojos ajenos, porque el árbol se ignora a sí mismo. CASCABEL se ignora a sí mismo y cumple su función con la inocencia, con la seguridad y con la pureza que tienen el encéfalo para pensar y el intestino delgado para digerir. El que sabe que está pensando es poco menos que loco; el que sabe que está digiriendo es poco menos que estilico. En cuanto las funciones naturales se convierten en hecho analizable, crean al enfermo. El encanto de la salud es que es nada más que un don de vivir, ignorante de las funciones naturales. Esto es lo que se llama entusiasmo. La ciencia es hermosa en cuanto mecánica. En cuanto orgánica, es pedante. De tal modo, la teoría de las glándulas es discutible, literaria, retórica, pedantesca. En cambio, la teoría del automóvil es exacta y limpia. Algo más: es vulgar como la vida. Y el automóvil viejo es vulgar como el cadáver. En esto no hay nada orgánico, no hay nada discutible. Nació, creció, vivió, murió. Las glándulas, la función, la filosofía de la vida no valen nada en este caso. CASCABEL, al adquirir, escolásticamente, uso de razón, aspira a ser una rueda más en el mecanismo de la Patria. CASCABEL aspira a identificarse con el Perú en sus errores y en sus defectos. Para elogiar sus virtudes y enaltecer sus méritos hay muchas bocas y muchos papeles. CASCABEL quiere ser el hígado, listo para absolver todo lo malo y para eliminarlo. Ama sólo al Perú; con sus equivocaciones, con sus errores, con sus injusticias. Así como el buen enamorado ama a su amada sin darse cuenta de que sus facciones, y su color, pueden ser discutibles. La Patria es mujer y CASCABEL es hombre. Al cumplir otro año de vida sólo deseamos que nos dure la entereza, que no nos abandone el entusiasmo y que podamos enseñarles a las gentes el arte dulce de la tolerancia; enseñarles a no cometer crímenes en nombre de la justicia; enseñarles, para decirlo con la frase de uno de nuestros grandes escritores, que la piedad es la justicia del corazón. Repetirles aquel incomparable consejo que don Quijote le dio a Sancho cuando el pobre escudero iba a ser goberna­dor: «y si doblas la vara de la justicia, Sancho, hijo mío, que sea al peso de la misericordia y no al de la dádiva»... Enseñarles, en una palabra, que la mentira no es otra cosa que la forma galanteo piadosa de la verdad. Aprendamos, lectores, a mentir sin ultrajar a la verdad, así como las mujeres han aprendido el arte sutil de vestirse sin ropa. CASCABEL, al empezar su octavo año de vida, desea únicamente serle fiel al Perú y ser fiel a sí mismo y que, cuando haya engaño, nos engañemos todos de común acuerdo. De este modo, crearemos todos la verdad posible, la mentira probable, la Patria segura. La Patria con sufrimientos, con heroicidades, con glorias, con penas, con grandezas y con derrotas. La Patria, imagen ideal permanentemente incorruptible como la mujer amada, que alguna vez puede llegar a vieja, pero que nunca será fea. La Patria que, como el amor, se confunde inmarcesiblemente con la juventud. CASCABEL aspira a ser un reflejo constante de los defectos del Perú. Para sus virtudes, quedan muchos, que las dicen.


Archivo Revista Oiga - Coleccion Cascabel

viernes, 1 de enero de 2010

RADIO EUZKADI DE LIMA



Gobierno Vasco. Primer número del Diario Oficial del País Vasco, 9 de octubre de 1936

martes, 1 de diciembre de 2009

RADIO EUZKADI DE LIMA



Gobierno Vasco. Primer número del Diario Oficial del País Vasco, 9 de octubre de 1936